Cuando no tratar dehiscencias de sutura tras intervención quirúrgica.

Los enfermeros muchas veces, para cerrar dehiscencias de sutura, tenemos la costumbre de mechar la herida. El mechado de heridas es recomendable en la práctica clínica para heridas profundas, con túneles o cavidades, previniendo el cierre superficial prematuro y facilitando el drenaje adecuado. Es especialmente útil en heridas con exudado abundante o riesgo de infección. Esta técnica promueve la curación desde adentro hacia afuera y evita la formación de abscesos secundarios. Pero, ¿Cuándo sería conveniente usarla mecha?

Heridas profundas o con túneles: Las heridas que tienen una gran profundidad o que presentan túneles internos. El mechado asegura que todas las áreas de la herida estén en contacto con el material estéril, permitiendo que el proceso de curación se desarrolle de forma uniforme en toda su extensión.

Riesgo de cierre prematuro: Es conveniente que una herida sane desde adentro hacia afuera. Si la superficie se cierra antes que las capas subyacentes, pueden formarse cápsulas que complican la recuperación. El mechado evita este cierre superficial prematuro y garantiza una curación por etapas.

Heridas con exudado elevado: El exudado es un líquido que, aunque natural en la curación, puede ser problemático en grandes cantidades. Puede macerar la piel circundante, retrasar la cicatrización y favorecer la proliferación bacteriana.

Presencia o riesgo de infección: Una herida infectada necesita cuidados especiales. Algunos apósitos utilizados para mechar están impregnados con agentes antisépticos o bacteriostáticos, como hemos mencionado anteriormente.

Pero, ¿sabemos cuándo no se puede mechar? O aún mejor, ¿en qué momentos es necesario derivar al paciente con una dehiscencia de forma casi inmediata?

La respuesta es: cuando el paciente tenga la herida quirúrgica abierta cerca de implantes “artificiales”, cerca de mallas abdominales, implantes cardíacos, y muy especialmente prótesis articulares y material de osteosíntesis.

Estos pacientes, sobre todo si el exudado de la dehiscencia es purulento, o cero purulento, y en su exploración está tunelizada o incluso se observa a simple vista el material implantado; deben ser derivados de forma urgente al especialista.

Hay que tener en cuenta que una colonización crítica o infección franca en el material que se implanta en el hueso, puede derivar, rápida y lógicamente en una osteomielitis, cuyo manejo va a requerir un desbridamiento quirúrgico agresivo del hueso, la retirada del material y su posterior sustitución y un tratamiento de antibioticoterapia muy agresivo.

Por tanto, olvidemos mechar una herida post-quirúrgica de traumatología y derivemos al paciente lo más temprano posible al especialista. Una herida donde se vea, a simple vista, el material de osteosíntesis o prótesis articular, es por definición, una infección, subsidiaria de tratamiento médico-quirúrgico. Hemos de conocer nuestras líneas rojas, y esta es una de ellas.

Cuando se sospecha (o evidencia) una infección profunda, el diagnóstico precoz y la terapéutica agresiva mediante el recambio de los implantes en dos tiempos, pueden llevar a unos resultados aceptables, tanto en la resolución de la infección como en la obtención de una buena función articular; si no puede llevarse a cabo esta terapéutica, por un mal control de la infección, gran pérdida ósea o enfermedad general importante, habrá que valorar otras posibilidades de tratamiento como la supresión antibiótica, el desbridamiento agresivo y antibioticoterapia, la resección artroplastia, artrodesis o en último extremo, la amputación. Siempre se intentará controlar la infección y devolver a la articulación a un estado funcional aceptable.

La cicatrización puede estar influida por el estado general nutricional del paciente, si presenta una enfermedad vascular preexistente, si el paciente es reumático o diabético, si son fumadores habituales o si han tenido problemas de cicatrización en cirugías previas. La dehiscencia de la herida quirúrgica es una complicación terrible tras una prótesis total de rodilla. Si es muy superficial, puede permitirse cicatrizar y epitelizar secundariamente, con reposo de la rodilla. En otros casos, la zona de necrosis postisquémica es lo suficientemente pequeña, para que un cierre secundario, tras un desbridamiento apropiado, pueda ser suficiente.

El mayor problema aparece cuando un área grande de la herida quirúrgica aparece isquémica y hay una necrosis de la totalidad del grosor de los tejidos. Si se deja pasar mucho tiempo desde que aparece la complicación, el paciente perderá movilidad. Si la zona de necrosis es suficientemente superficial, un injerto de piel puede ser suficiente, pero si es una necrosis completa, entonces será necesario un injerto de cobertura, que puede ser muscular o uno miocutáneo.

Recordemos pues, que cuando el metal veamos asomar… al traumatólogo habrá que derivar.

Elaborado por:

Maribel Pastor Orduña

Enfermera Master en Integridad Cutánea, Úlceras y Heridas.

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