El Cuidado de Heridas Cutáneas.

Desde hace muchos años, se ve que el típico “a mí me va bien” era el criterio decisivo para elegir uno u otro tratamiento para las patologías que implicaban a la solución de continuidad de la piel por diversas etiologías. Que igual se trataba una patología venosa que una úlcera por presión, básicamente una sucesión de tratamientos sin sentido y sin atención a la etiología.

A veces nos preguntamos, si ya en servicios como Urgencias, y otros servicios especializados existen instrucciones, protocolos, formación seria ¿por qué en este mundo, de tan creciente prevalencia, existe una formación tan variable y confusa? o ¿Por qué, todos los enfermeros se ven capacitado para “curar” heridas?

Empecemos desde el principio. ¿Cuál es nuestra misión? Debería ser cuidar a nuestros pacientes con la mejor evidencia científica posible. Pero este anhelo se queda, siendo generosos, en pañales. Y que no se mal entienda, nos gusta la investigación y creemos en la evidencia. Pero no podemos obviar la dificultad de crear evidencia y más aún, evidencia de calidad que sustente nuestros cuidados, una de las líneas de ANEDIDIC.

Estamos convencidos de que la clave de todo esto es la formación adecuada en tratamiento de la etiología de las heridas y en un tratamiento adecuado a cada una. Formación suficiente para que todas las enfermeras sepan primero, no causar iatrogenia, y saber cuándo y adonde derivar las heridas.

Actualmente, en la práctica de enfermería se observa que el cuidado es identificado en el hacer monótono, lineal y sin sentido, dentro de la racionalidad técnica y el enfoque biomédico, según Medina en 1999; entendido como una ayuda o un complemento en las ciencias de la salud, situación que propicia la negación de la enfermería como ciencia y como arte. Afortunadamente este paradigma está cambiando, aunque aún nos quede mucho camino por andar.

Por otra parte, el cuidado se ha definido como el conjunto de categorías que involucran la comunicación verbal y no verbal, la minimización del dolor físico, la empatía para atender el todo.

El cuidado al paciente con úlceras ha de ser integral. Es obvio que para que haya desarrollado una úlcera, ha de sufrir, al menos, una patología asociada, que le produce molestias más o menos relevantes, y, por tanto, su calidad de vida se ve mermada y hay que tratar en su conjunto.

Conocer datos personales como edad, nivel cognitivo, situación social y/o sanitario e incluso nivel económico. Hay que tener en cuenta la edad y situación social del paciente para tener una visión global de sus necesidades y de la cronicidad de sus problemas de salud. Factores cómo la edad, enfermedades base como diabetes, arterioesclerosis, insuficiencia cardíaca, un estado inmunodepresivo o enfermedades que limitan la movilidad; facilitan que el paciente pueda sufrir presión, fricción, cizallamiento y aumento de la humedad y la temperatura, en determinadas zonas de la piel y por tanto retraso en la cicatrización o aparición de nuevas lesiones.

Hábitos cómo el tabaquismo, consumo excesivo de alcohol, un posible déficit nutricional proteico y de hidratación o la obesidad también son factores que afectan a la salud y conlleva mayor incidencia de heridas crónicas porque el tejido adiposo es pobre en oxígeno.

Solo entonces, como enfermeras, nos enfrentaremos a la herida con todo el bagaje y el criterio que hemos logrado con nuestra obligada formación. Una vez identificado el problema y el tratamiento correcto, empezaremos la cura de la herida, pactando con el paciente y haciéndole participe del proceso, educación para la salud de sí mismo y del entorno necesario para que su parásito sea neutralizado.

Concluimos pues que, para una enfermera es esencial ser humana, compasiva y empática, cuidar de cada paciente como si fuera el único importante. Estamos obligadas a una formación adecuada para poder responder de ese cuidado. Y esto pretendemos desde ANEDIDIC, seguir formando profesionales con criterio.

Elaborado por:
Maribel Pastor Orduña
Enfermera Master Integridad Cutánea, Úlceras Y Heridas

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